EL IMPERIO ROMANO

La antigua Roma , que empezó siendo un pequeño poblado a orillas del Tíber (753 aC.), acabó por convertirse en uno de los mayores imperios de la Historia de Occidente, tanto en extensión territorial, como en duración. Compruébalo en el siguiente esquema:

Observa la escena de la vida cotidiana en una calle romana: En el centro tienes una domus, vivienda señorial; a la izquierda aparece una insula, o manzana de casas de pisos; al fondo, el foro.

Calle romana

 

Las actividades artesanales y los intercambios comerciales, en manos de los plebeyos (ciudadanos libres, pero sin derechos políticos) adquirieron una enorme importancia, así como las actividades relacionadas con la minería. Todo ello fue posibilitado por la existencia de una amplia red de calzadas que unía todas las provincias del Imperio y de un ambiente de seguridad garantizado por el potente ejército profesional (legión).

Rutas comerciales romanas

 Pero esta economía floreciente entró en crisis en el III dC. y terminó con la caída del Imperio romano en el 476 dC. (fin de la Edad Antigua y comienzo de la Edad Media). 

Crisis política del III dC

Crisis económica y social del III dC

Crisis religiosa del III dC

Con la inseguridad por la presión de los bárbaros y el debilitamiento político que condujeron  al fin del  Imperio Romano, las ciudades van siendo abandonadas y se vuelve al campo (ruralización). Los pequeños propietarios entregan sus tierras a los señores a cambio de protección, aunque siguen cultivándolas como usufructuarios y sujetos al pago de un censo (colonato). Si no poseen tierras, realizan trabajos personales para el señor, también a cambio de protección <<vasallaje>> vínculo personal hecho mediante un juramento, que implicaba obligaciones por ambas partes. La economía y la sociedad  vuelven a una situación similar a la del neolítico: pequeñas poblaciones que se dedican a la agricultura y la ganadería, sin medios de comunicación con el exterior y unos aparentes gobiernos que apenas mantienen el control fuera de la ciudad en la que residen. Los pequeños ríos europeos nunca fueron buenas vías de comunicación y la red de calzadas romanas, atravesando descampados y bosques, requería un fuerte dispositivo de policía.

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